Nuevo asesinato en la Bahìa de Tela: Matan a pescador garifuna
de Triunfo de la Cruz
El día de ayer en altas horas de la noche (10 p.m.), ocho
pescadores de
la comunidad Garífuna de Triunfo de la Cruz fueron requeridos
por
elementos de las Fuerzas Armadas a cargo de la vigilancia del refugio
de Vida Silvestre Cuero y Salado, mientras estos se encontraban
faenando frente al área protegida. Según los testimonios
de los
pescadores, luego de ser detenidos por los militares, sin mediar
palabra estos procedieron a dispararles, siendo asesinado el
pescador
Guillermo Norales Herrera, originario de la comunidad de Triunfo de la
Cruz, quien recibió impactos que aparentan ser causado por un
fusil
M16, usualmente utilizado como arma de dotación de los militares
hondureños.
Al recibir las ráfagas de balas los pescadores
gritaron que habían matado a uno de ellos, los militares solo
procedieron a retirarse dejándolos a ellos a la deriva, otro de
los
pescadores (Carlos Colon) se encuentra hospitalizado, dado que al
tirarse el mar fue herido por una raya.
El
asesinato del pescador Guillermo Norales se suma a la serie de
violaciones a los derechos humanos perpetrados por las Fuerzas
Armadas
acantonadas en áreas protegidas. La población
garífuna radicada en
Cayos Cochinos tiene una amarga experiencia en cuanto a la
represión
surgida como consecuencia de la aplicación de los planes de
manejo para
esa zona, ventilándose una petición ante la
Comisión Interamericana de
Derechos Humanos por las agresiones con armas de fuego a las que
han
sido sometidos los pescadores garífunas.
La costa norte de
Honduras ha padecido a manos de la flota pesquera industrial de las
Isla de la Bahía un saqueo sistemático de los recursos
ictiológicos,
afectando el derecho a la alimentación de los pescadores
artesanales -
en su mayoría garifunas - los que han visto descender de
forma
vertiginosas sus capturas, teniendo que incurrir en viajar a
mayores
distancias de sus comunidades para lograr el sustento de sus familias.
La
creación de áreas protegidas inconsultas, ha generado
tensiones sobre
el manejo de los recursos, desdeñando el conocimiento
tradicional
garífuna, el que ha permitido la conservación de la
mayoría de los
territorios que ocupamos, hasta el punto que 28 de las 46 comunidades
que habitamos en el país, se encuentran dentro de las
áreas protegidas
o sus zonas de amortiguamiento.
Cuero y Salado eran dos
comunidades garífunas , cuya población se vio forzada a
emigrar a
principios de la década de los 90, como resultado de la
restricción del
derecho a la alimentación que fue impuesto cuando la zona se
convirtió
en Refugio de Vida Silvestre causando una expulsión silenciosa
de 38 de
las cuarenta familias que habitaban el humedal. Cabe señalar que
la
Fundación Cuero y Salado fue la primera entidad privada a la que
se le
entregó el manejo de una área protegida, siendo sus
funcionarios
señalados en múltiples ocasiones por su contubernio
con la Standard
Fruit Company la que posee una fabrica de extracción de palma
africana
(CAISESA) en una de las cabeceras hídricas del refugio, la que
ha
venido contaminado con deshechos de la planta aceitera dichos humedales.
Las
contradicciones que plagan el manejo de las áreas
protegidas en
Honduras, han servido para los intereses de unos pocos y la
represión
de los pueblos indígenas y comunidades locales. La
expulsión técnica de
las comunidades de Cuero y Salado trataron de repetirla en Cayos
Cochinos, donde en un momento dado se persiguió a los pescadores
mientras a la flota pesquera industrial se le permitió la
extracción
irracional de crustáceos. Hoy en día los realities shows
son una
muestra de las inconsistencias de los "ambientalistas", que si bien
prohíben a los garífunas acercarse al Cayo paloma, el
lugar lo han
convertido en escenario periódico para sus shows.
La
Bahía de Tela, contigua al Refugio de Cuero y Salado, ha sido en
los
últimos años un centro de conflictos raciales instigado
por empresarios
y políticos que han venido por más de dos décadas
pretendiendo la
implementación de un megaproyecto turístico para la
zona. En la
actualidad se construye un emporio de turismo de enclave con el
financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El
proyecto conlleva el relleno de 80 hectáreas de un humedal que
se
encuentra protegido por la Convención RAMSAR, donde
pretenden
construir un campo de golf. Este es otro caso en el cual la
población
garífuna soportó actitudes represivas por parte de la
entidad a cargo
del cuidado del parque denominada PROLANSATE, bajo la suposición
que
estaban conservado los humedales cuando era vox populi las aspiraciones
ecocidas de la elite de poder sobre las lagunas de Micos y Quemada.
Da
la "casualidad" que hace dos años fueron asesinados los
jóvenes
garífunas Epson Andrés Castillo y Yino Eligio
López, a manos de
miembros de las Fuerzas Armadas. En el juicio efectuado se dio lugar a
la sentencia de los soldados involucrados y por supuesto se
omitió
hacer mención alguna sobre el oficial a cargo de la
ejecución.
Aparentemente en el informe del forense se excluyó la
mención del tipo
de arma utilizada. Este no es el primer caso en Honduras donde las
autoridades protegen a los oficiales y elementos de las Fuerzas
Armadas, basta recordar que los crímenes cometidos por los
militares
durante la década de los años 80 han quedado impunes,
sembrando de esta
forma una fatídica advertencia para el futuro.
Los hechos
acontecidos en la noche de ayer en Cuero y Salado es una muestra
más de
la política que existe en contra de los derechos del pueblo
garífuna,
los que vemos como cada día mas se reducen nuestros territorios
al ser
atomizados en nombre de un supuesto desarrollo que sirve
más a los
inversionistas y empresarios que a nuestro pueblo. Por otro lado
algunos operadores de justicia se parcializan poniéndose
al servicio
de aquellos que quieren vernos abandonar las playas en que vivimos.
Hacemos
un llamado a las autoridades gubernamentales, a efectuar una
investigación exhaustiva sobre los hechos acontecidos y caiga el
peso
de la Ley sobre los militares asesinos. Además que cese la
persecución
a los pescadores artesanales y se tomen las medidas necesarias para
frenar la destrucción causada por la pesca de arrastre de la
flota
industrial, verdadera causa del ecocidio que afecta la costa norte de
Honduras. De paso exigimos que se respeten los derechos sobre los
territorios ancestrales de nuestras comunidades, incluyendo el derecho
al hábitat funcional y por ende el derecho a la
alimentación del
pueblo Garifuna.
La Ceiba Atlántida 25 de Septiembre del 2008.
Miriam Miranda
Coordinadora General